Marx Que Nunca

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Las «condiciones objetivas» necesarias para la superación del capitalismo

Escuela de Marxismo

Comencemos recordando el mejor resumen de la concepción materialista y dialéctica de la Historia de las formaciones sociales

Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productoras de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se convierten en trabas de estas fuerzas. Entonces se abre una era de revolución social. El cambio que se ha producido en la base económica trastorna más o menos lenta o rápidamente toda la colosal superestructura. Al considerar tales trastornos importa siempre distinguir entre el trastorno material de las condiciones económicas de producción -que se debe comprobar fielmente con ayuda de las ciencias físicas y naturales- y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas; en una palabra, las formas ideológicas, bajo las cuales los hombres adquieren consciencia de este conflicto y lo resuelven. Así como no se juzga a un individuo por la idea que él tenga de sí mismo, tampoco se puede juzgar tal época por la consciencia de sí misma; es preciso, por el contrario explicar esta consciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto que existe entre las fuerzas productoras sociales y las relaciones de producción.

Una sociedad no desaparece nunca antes de que sean desarrolladas todas las fuerzas productoras que pueda contener, y las relaciones de producción nuevas y superiores no se sustituyen jamás en ella antes de que las condiciones materiales de existencia de esas relaciones hayan sido incubadas en el seno mismo de la vieja sociedad. Por eso la humanidad no se propone nunca más que los problemas que puede resolver, pues, mirando de más cerca, se verá siempre que el problema mismo no se presenta más que cuando las condiciones materiales para resolverlo existen o se encuentran en estado de existir.

Carlos Marx. Prefacio a «Contribución a la Crítica de la Economía Política», enero de 1859.

¿Ha llegado el capitalismo a ese punto?

Lenin, Rosa Luxemburgo, Karl Liebnecht, Trotski y toda la generación de marxistas que protagonizó la gran oleada revolucionaria entre 1917 y 1937 pensaba que la I Guerra Mundial marcaba ese momento de cambio, que el capitalismo había entrado definitivamente en decadencia.

Podemos comprobar en los hechos lo que Marx y Engels formularon por primera vez en un gran documento, en el Manifiesto Comunista, como la base científica del socialismo: el socialismo se volverá una necesidad histórica. Esta verdad, la vivimos hoy día en el sentido más estricto de los términos. El socialismo se convirtió en una necesidad, no sólo porque el proletariado no quiere vivir más en las condiciones materiales que le reservan las clases capitalistas, sino también porque si el proletariado no cumple su deber de clase realizando el socialismo, todas las clases están amenazadas de desaparición hundiéndose todas juntos.

Rosa Luxemburgo, «Nuestro programa y la situación política», discurso en el congreso de fundación del Partido Comunista Alemán (Liga Espartaco).

La Carta de invitación al I Congreso de la IIIª Internacional (24 de enero de 1919), que fue redactada por Trotski y aprobada por un comité con Lenin y Chicherin se abría con una plataforma «elaborada sobre la base del programa de la Liga Espartaquista en Alemania y del Partido Comunista (Bolchevique) de Rusia» que comenzaba constatando que:

La época actual es la época de la desintegración y el colapso del sistema capitalista mundial en conjunto, que arrastrara a toda la civilización europea al derrumbe con ella si el capitalismo con sus contradicciones insolubles no es destruido.

La Plataforma de la Internacional Comunista, aprobada en ese mismo congreso lo afirma en varias ocasiones:

Las contradicciones del sistema mundial, antes ocultas en su seno, se revelaron con una fuerza inusitada en una formidable explosión: la gran guerra imperialista mundial.

Una nueva época surge. Época de disgregación del capitalismo, de su hundimiento interior. Época de la revolución comunista del proletariado.

La Humanidad, cuya cultura ha sido devastada totalmente, está amenazada de destrucción. Sólo hay una fuerza capaz de salvarla y esa fuerza es el proletariado. El antiguo orden capitalista no existe más. No puede existir. El resultado final de los procedimientos capitalistas de producción es el caos, y ese caos sólo puede ser vencido por la mayor clase productora, la clase obrera. Ella es la que debe instituir el orden verdadero, el orden comunista. Debe quebrar la dominación del capital, imposibilitar las guerras, borrar las fronteras entre los Estados, trasformar el mundo en una vasta comunidad que trabaje para sí misma, realizar los principios de solidaridad fraternal y la liberación de los pueblos.

¿Se equivocaban?

No. No estaban hablando de una situación momentánea, sino de un cambio de época que inauguraba la entrada del sistema en decadencia y por tanto no señalaban una serie de crisis concretas, locales o globales, sino de una crisis de civilización.

Desde principios del siglo XX el capitalismo se cierra su expansión y la del mercado mundial. Por eso la guerra de 1914 es la primera guerra mundial. Que no pueda seguir expandiéndose geográficamente significa, como pronosticaron Marx y Luxemburgo, que ya no puede generar de forma sostenida mercados para todo lo que es capaz de producir.

A partir de ahí el capital, para seguir reproduciéndose y creciendo, se convierte en una máquina permanente de devaluación del trabajo y por tanto de la vida de los trabajadores.

La dialéctica del devenir histórico no pone la revolución social en el orden del día porque balanzas de pagos e inversiones estén desquiciadas, ni porque las mercancías invendidas se abarroten en cantidades fabulosas y arrojen al paro millones y millones de obreros. [...] No, no; lo que origina posibilidad y necesidad de revolución comunista es mucho más profundo que eso, es esencial, no accidental. Reside en el funcionamiento mismo de la civilización capitalista, cualquiera sea el estado de sus negocios. No se trata tampoco de algún aspecto determinado del sistema, sino de todo él, estructuras y superestructuras, lo económico, lo político, lo cultural en sus múltiples facetas, las propias costumbres y relaciones entre los hombres que le son propias. Todo ello se ha transformado en restrictivo, inadecuado, obstáculo al florecimiento individual y colectivo.

El paro obrero es una de las consecuencias del capitalismo, pero no es él lo que engendra la necesidad de revolución, sino las condiciones de trabajo, consumo y vida impuestas al proletariado mundial, el trabajo asalariado; cualquiera sea la paga. Así mismo, la crisis dicha de sobreproducción es o ha sido un bache en la senda del desarrollo industrial, pero no es su aparición, sino la persistencia del industrialismo capitalista lo que llama a la supresión del sistema, pues los instrumentos de producción han adquirido sobrada capacidad para liberarlos de su mezquindad mercantil. Y así sucesivamente.

En resumen: la forma asalariada del trabajo está en contradicción absoluta con la capacidad de los instrumentos de trabajo. La separación entre uno y otros se ha convertido en innecesaria, y por lo tanto es destructora, cualesquiera sean los índices de crecimiento.

Manuel Fernández Grandizo (Munis), «La imposibilidad de desarrollo capitalista» (1972)

El crecimiento (del capital) ya no produce desarrollo (humano)

Por eso, lo que define la crisis de civilización que se desarrolla sin remitir jamás desde 1914 hasta hoy, es que el crecimiento (del capital = la acumulación) es cada vez más contradictorio, más abiertamente incompatible, con el desarrollo (humano).

Lo vemos cuando las nuevas tecnologías capaces de multiplicar la capacidad transformadora del trabajo, como la IA, en vez de reducir la jornada de trabajo producen paro y desigualdades sangrantes; en vez de servir para tener nuevos medicamentos y mejores sistemas sanitarios se concentran en desarrollar una nueva generación de armamentos más letales y destructivos alimentando el circuito de capitales del militarismo; cuando en vez de liberarnos de disciplinas laborales absurdas, se convierte en la base de sistemas obsesivos de control social individualizados desde China a EEUU pasando por Emiratos o Qatar; en vez de extender el acceso a la cultura universal y multiplicar las capacidades creativas de millones, embrutecen, desinforman y aíslan en manos de la gigantesca máquina de propaganda de la industria de la comunicación; en vez de servir a la solución de las causas del cambio climático, contribuyen a agravarla; etc.

No es que tengamos la mala suerte de vivir en una época en que todas las nuevas tecnologías se usan mal, anti-humanamente, es que las relaciones capitalistas se han vuelto anti-humanas porque son un freno al desarrollo de la principal fuerza productiva: el trabajo humano y la clase de los que trabajan, al punto que lo que se entrevé ya en el horizonte es la contradicción abierta entre relaciones capitalistas y vida humana.

El capitalismo es un freno al libre desarrollo de las inmensas fuerzas productivas que el propio sistema ha creado, la primera y más importante de ellas, los trabajadores. El futuro de la Humanidad no tiene que esperar ya a que se alcance ningún nivel particular de nada. Las condiciones materiales para superar el capitalismo están dadas hace más de un siglo.

¿Qué falta entonces? Las llamadas condiciones subjetivas.

Desde Babeuf y Marx hasta nosotros, la consciencia revolucionaria es el rayo de luz creado por el choque entre la explotación y los explotados, es la subjetividad humana en rebelión contra una objetividad que pervierte y niega esa misma subjetividad, sin la cual el Hombre no es Hombre sino cosa. O nuestra subjetividad acomoda el mundo exterior a sus requerimientos –no puede haber otros– o se somete, esclavuna, a la nauseabunda objetividad existente.

El hecho objetivo engendra la palabra que lo nombra y lo hace comprensible, operación objetiva; sin nuestra palabra, la posibilidad de revolución se esfumará cual si nunca hubiese estado presente. Y fallando su sector más subjetivamente revolucionario, la clase obrera marraría entonces el golpe que acabaría por siempre con el achicamiento del Hombre porque explotado y la prostitución de otros hombres porque explotadores.

Alarma nº31, Consciencia revolucionaria y clase para sí(1976)

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Escuela de Marxismo (2026). «Las “condiciones objetivas” necesarias para la superación del capitalismo». Marx Que Nunca. https://marxquenunca.com/cuando-estaran-las-condiciones-objetivas-que-permitan-superar-el-capitalismo

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