Marx Que Nunca

Blog marxista

El lenguaje de la intervención política

Escuela de Marxismo

Año tras año los políticos envilecen más y más su lenguaje. Las campañas electorales y hasta los mensajes institucionales se llenan de descalificaciones, burlas zahirientes e insultos.

Expresan algo más que las agrias luchas entre sectores de las clases dirigentes, sus aliados externos o la influencia de una pequeña burguesía desesperada. Expresan su propia descomposición en medio de una crisis de civilización que, en la persecución de sus propios intereses, que son los del sistema, sólo pueden agravar. Al desprenderse de su civilidad revelan su naturaleza profunda, su moral de amos siempre dispuestos a infligir humillaciones a quien les contradiga. Los medios adoptan el mismo lenguaje descalificador y nos lo presentan como indignación y radicalidad... por si picamos.

Los marxistas sabemos que lo realmente radical es impulsar la consciencia de clase, y sabemos que la forma de hacerlo en nuestras intervenciones no pasa por negar en las formas el mundo que queremos construir, sino traerlo al presente a través de nuestro modo de actuar en los espacios que compartimos y construimos.

¿Puede crearse aún de forma parcelaria y limitada una nueva vida fundada en el mutuo respeto, en el respeto hacia uno mismo, en la igualdad de la mujer, en una verdadera preocupación por los niños, en medio de una atmósfera en la que resuena, ruge, estalla el lenguaje grosero de señores y esclavos, un lenguaje que nunca ha sido escatimado por nadie? Es tan necesario para la cultura del espíritu luchar contra la grosería del lenguaje, como preciso para la cultura material combatir la suciedad y los piojos.

Lev Davidovich Bronstein (Trotski), La lucha por el lenguaje culto (1923)

Por eso no hay mejor señalización de hasta qué punto la izquierda es ajena a cualquier voluntad transformadora real, a cualquier perspectiva de superación de las sociedades de amos y esclavos, que la incorporación de la barbarie y la descalificación a su lenguaje cotidiano.

Bajo ese lenguaje pretendidamente indignado, bajo la brutalidad humillante del «derecho a la sátira», late la rabia clasista y elitista del viejo impulso contrarrevolucionario y protofascista. Una vez normalizado ese lenguaje ¿contra quién creen que van a dirigirlo el pequeño empresario, el directivo psicópata y por supuesto, esa pequeña burguesía intelectual que nunca ha ocultado su desprecio a los trabajadores? Posiblemente lo mismo que hicieron en los treinta.

Pero no solo se trata de eso. La humillación a través del lenguaje es una herramienta de opresión, una forma de abuso que refuerza el miedo y la atomización. Por eso existe y la alimentan los medios, para evitar la conversación y esterilizar el debate, para alimentar el silencio temeroso ante el que es lo suficientemente poderoso como para publicar en un medio o tener un cargo político.

En cambio, todas esas cosas que tanto desprecian los pequeñoburgueses «radicales» y «demócratas» con su culto permanente a la fuerza, dan una oportunidad exactamente a lo contrario. El lenguaje respetuoso, el humor que no busca zaherir sino rasgar la mirada impuesta, las buenas maneras, el cuidado de la higiene personal... ayudan a crear los ambientes de fraternidad y discusión franca, fértiles para el desarrollo de la conciencia de clase. Sí, la buena educación es, modestamente, revolucionaria.

Communia, «La buena educación es revolucionaria» (2017)

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Escuela de Marxismo (2026). «El lenguaje de la intervención política». Marx Que Nunca. https://marxquenunca.com/los-modos-del-marxista

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