¿La fórmula moral «tratar a la persona como un fin en sí mismo» tiene sentido para un marxista?
El libre desarrollo de las facultades humanas como un fin en sí mismo define al Comunismo como el reino de la libertad
En el capítulo 48 del Libro III de El Capital, Marx hace una de sus alusiones al Comunismo como el reino de la libertad que sucede al reino de la necesidad, al que todavía pertenece el modo de producción que hace la transición desde el capitalismo: el socialismo, centrado en alcanzar la satisfacción directa, no mercantil, de las necesidades humanas.
Más allá de él comienza el desarrollo de las facultades humanas [die menschliche Kraftentwicklung] que se considera como fin en sí mismo, el verdadero reino de la libertad, que sin embargo solo puede florecer sobre aquel reino de la necesidad como su base.
En el apartado sobre las Formas que preceden a la producción capitalista que Marx escribió en sus apuntes de trabajo, las Grundrisse, escrito entre 1857 y 1858, ya se había preguntado ya qué sería la riqueza una vez despojada de su forma burguesa: la universalidad de las necesidades, facultades y goces de los individuos, y la elaboración absoluta de sus disposiciones creativas.
El desarrollo de todas las facultades humanas en cuanto tales, no medidas con un patrón preestablecido, sino como fin en sí mismo [der Entwicklung aller menschlichen Kräfte].
El futuro comunista y la moral
Como afirma el folleto Qué es la moral comunista, para el marxismo un comportamiento moral es el que hace hoy presente, aún a contracorriente y de modo limitado, la lógica de la futura sociedad comunista.
Cuando Engels escribe en el AntiDüring (1878) que la moral proletaria presenta el futuro en la transformación del presente, lo que señala es que la moral comunista se fundamenta en esa particular relación de la clase con el porvenir. Y que al poner por delante las necesidades humanas universales, necesidades que solo podrán verse satisfechas universalmente tras la superación del capitalismo, la moral comunista persigue plantear y representar ya hoy la abundancia -y por tanto la libertad por alcanzar- en el comportamiento, las actitudes y las formas de actuar de los elementos más conscientes de la clase.
Un modo de mirar a lo humano y a los humanos
Si juntamos las piezas el resultado es la caracterización de la mirada marxista sobre lo humano y de la moral marxista sobre los humanos.
El desarrollo de las capacidades colectivas de la especie, que sólo puede alcanzarse superando el capitalismo, llevará a un estadio, el Comunismo, en el que el desarrollo de las capacidades productivas de la sociedad se confundirá, será la misma cosa, que el desarrollo de las facultades de cada uno de sus miembros, convirtiéndose en un fin en sí mismo para el conjunto social, para la comunidad humana al fin restituida.
No se trata de que un individuo o sus necesidades autopercibidas hoy, bajo una situación de alienación general, sean un fin moral en sí mismo. Es moral todo comportamiento que entienda el desarrollo humano y a los humanos concretos desde la perspectiva del Comunismo, es decir la perspectiva que implica un futuro de liberación y desarrollo de sus capacidades colectivas conscientes y sus facultades personales como un fin social.
Igual que vemos en la tecnología y las inmensas capacidades de transformación del trabajo social de hoy la viabilidad inmediata de la superación del capitalismo, vemos en cada uno la potencialidad del desarrollo de sus facultades. Tratar a los demás desde ahí, dándoles la dignidad y la responsabilidad de quienes pueden llegar a ser colectiva e individualmente y de lo que pueden llegar a significar para una sociedad comunista (elementos insustituibles cuyo desarrollo en capacidades será un fin social en sí mismo), es una parte esencial del ethos marxista.
En su relación con el entorno el marxista obtiene su energía de reconocer permanentemente la contradicción entre lo que socialmente son hoy quienes les rodean y lo que socialmente están llamados a ser. Sin invisibilizar las mezquindades del presente, sin negar las dificultades, les trata desde el futuro y lo acerca así al presente.
Así pues, el motivo fundamental del socialista consciente es el idealismo de la Especie, estrechamente ligado al idealismo de clase arriba mencionado. Es oportuno recordar aquí una vez más las palabras de Lassalle sobre que los obreros deben «elevar el principio de su clase a la altura del principio de su siglo, hacer de su idea la idea rectora de toda la sociedad y transformar así esta sociedad a su imagen y semejanza»
Anatoli Lunacharski, Religión y Socialismo.
